Sugerencia

Sugerencia

Después de mucho meditarlo, de pesar pros y contras, de evaluar las consecuencias (incluso, las que pudieran perjudicar la relación que me une en forma particular con algunos de ustedes), tomé la decisión de hacerles una sugerencia que espero que: (a) no los lleve a pensar que me estoy inmiscuyendo atrevidamente en sus vidas privadas; (b) no los ponga en un permanente estado de incertidumbre o de alerta ante lo inesperado; (c) por prevención, no los lleve a afectar negativamente su patrimonio; y (d) en caso de que la sugerencia NO sea acatada, que: (i) no genere un sentimiento encontrado, ni hacia mí ni hacia ninguna persona que pueda verse involucrada en el momento; (ii) no despierte la sed de venganza ante nada ni ante nadie; (iii) no requiera proceder con urgencia para solucionar una situación; y (iv) no dé para tacharme de agorero, con el objetivo de manifestar una envidia inexistente… Puedo jurar que lo que voy a decir está cargado de buena fe, que no hay ninguna maldad oculta, y que mi único interés es procurar que sus vidas sean más tranquilas, con el fin de tratar de evitarles la repentina aparición de un «imprevisto no previsto»… De antemano, me disculpo por la franqueza que me caracteriza, la cual esgrimo a diestra y siniestra, sin anestesia, por causa de una lengua que inexorablemente mantengo depilada…Y esta es la sugerencia, producto de mi reciente experiencia: «Jamás, jamás, jamás, al cerrar la puerta de un carro con una mano, se debe dejar el pulgar de la otra sobre el marco y apuntando hacia adentro… ¡JAMÁS!»

(Santiago Ferreira)