Cumpleaños del suegro
Nota del autor: Lea aquí el motivo de estos versos.
Me he enterado por extraños
que nunca ha sido su pasión
ser el centro de atención,
de, por ejemplo, un cumpleaños.
Correré el riesgo, sin embargo,
de sufrir una lesión.
Permítame su educación
iniciar ahora mi descargo.
Recalcaré que no era yo
sino usted quien maldecía
al escucharme que decía
ser yo más viejo que usted.
Y la vejez lamentaba usted,
y seis meses menos pedía
para «darme», ¡qué ironía!,
siendo usted más joven que yo.
Y perdone que le insista:
si seis meses menos quería,
algunos más serán hoy día,
pues ni de Dios un gran ministro,
ni siquiera el mismo Cristo,
parar el tiempo podría.
Su cumpleaños, señoría,
siempre ha sido previsto.
Pero ya ve, hoy soy condescendiente.
Sin agujas ni dolor,
sin mentiras y en su honor,
haré de usted un joven permanente.
A ser un dios quiero jugar
(no crea que es tontería).
¿Seis meses menos quería?
¡Más de seis voy a quitar!
[ Por si no llega a entender
la prueba que se avecina
(no todo el mundo domina
el algebraico proceder),
leerá usted al final,
con los números por guía,
la ayuda que requería,
de manera elemental. ]
Sea «n» el número entero
que representa una edad…
Mayor que cero, es la verdad,
o si no, ¿quién es usted?
Sosténgase en la pared,
pues le voy a demostrar
que es imposible pasar
de ser un sueño placentero.
Siendo el número al cuadrado
mayor que su propia base, (1)
invirtiendo hará que pase
la desigualdad a ser menor, (2)
y su término a babor
«a la dos» puede escribirse, (3)
pudiendo usted permitirse
trabajar mejor el resultado,
pues sacando el logaritmo
en cualquier base, a lado y lado, (4)
bajará el dos con cuidado, (5)
y al son del mismo ritmo
del estudiante «fajado»,
aplicará una división, (6)
eliminando, con razón,
el logaritmo planteado. (7)
¿Qué obtuvo compañero?
¡Algo bien inoportuno!
Porque si dos es menor que uno,
entonces… ¡uno es menor que cero! (8)
¿Y al final que concluimos?
Multiplique la inecuación
por la edad «n» en cuestión… (9)
¡Ni usted ni yo existimos! (10)
Maldita sea, ¿qué hacemos?
Hay un primer remedio:
adaptarse bien al medio
y morir por lo que vemos,
o bien estar convencidos
de que el proceso no fue cierto,
y dejar de ser el muerto
que todo viejo tiene escondido.
No pensemos más, entonces,
en menos meses de vida,
ni amarguemos la comida
añorando ricas onces.
Ni somos viejos cacrecos,
ni somos jóvenes lampiños.
Por no volver a ser niños
nos estamos volviendo flecos.
El problema entonces cierro
proponiendo un simple trato:
que ninguno pague el pato
de anticipar nuestro entierro.
Y aprovechemos los placeres
que nos depara la vida,
¡vivan el vodka y la comida,
la música y las mujeres!
Y bien, se hace tarde compañero…
Porque viva muchos años,
brindemos en su cumpleaños
tomándonos el tetero.

(Santiago Ferreira)
Nota del autor: Obviamente, hay algo que no encaja, pero no voy a facilitar las cosas. Queda de tarea descubrir el error en el proceso…